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lunes, 27 de enero de 2014

lo que ya no está


Contraelegía

Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.

José Emilio Pacheco

lunes, 16 de septiembre de 2013

Lolita, luz de mi vida






Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-lita: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del  paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. 
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de  estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era  Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita. 
¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no  pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado  junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo  ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica. 
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas. 

Vladimir Nabokov
Lolita.


jueves, 15 de agosto de 2013

sencillamente limpio y, pese a todo, indemne


Momentos felices

Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
--el pitillo en los labios, el alma disponible--
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro --sé que todo es fiado--,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme, pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y, pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
"Estaba justamente pensando en ir a verte."
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?



Gabriel Celaya
De claro en claro


domingo, 14 de abril de 2013

Lo conseguí




(Última anotación)


¿Y conseguiste lo que 
querías de esta vida? 
Lo conseguí. 
¿Y qué querías? 
Considerarme amado, sentirme 
amado en la tierra.


Raymond Carver




domingo, 27 de mayo de 2012

un espacio intemporal en el que nada sucede

La última noche en este lugar significa el fin de muchas cosas. Sostengo las llaves que mañana abrirán otras puertas. ¿Quién sabe lo que nos aguarda? En este preciso momento el tiempo no se expande, es algo más bien estático. Objetos e ideas suspendidos, inmóviles en el aire, a la espera de ses atrapados. Cada instante parece una eternidad.


Cuando te miro a los ojos, tu mirada no es un recuerdo, ni un pájaro que vuela, sino una visión infinita. Un túnel de amor que se introduce en ti. Un instante entre los dos dura para siempre. Fichas archivadas en la memoria, visiones sacadas de un sueño. Liguero negro y altas sierras. La copa, ahora llena, luego se vuelca y se derrama. 


Da la impresión de que han sucedido muchas cosas en este último mes. Otra estación se ha ido. Me invade la sensación pasajera de que todo es efímero, alterando mi sentido de la rutina. Dejando en su lugar una locura sin fin, una irrealidad en la que cualquier cosa podría suceder, un espacio intemporal en el que nada sucede. Al otro lado de a linea, en un cine mental donde los sueños y la consciencia se encuentran. Nada es imposible. Por ejemplo: me elevo sobre una masa de aguas doradas, por encima de las nubes. No es imposible, tengo ojos, tengo los ojos abiertos. 


Un torrente de luz: aún camino por las llanuras de Salisbury, escalo rocas en Berlín, paseo a medianoche junto al Foro romano, veo cómo florecen los árboles en Londres. Momentos congelados como instantes en el tiempo, no sólo en el mío, sino en todos los tiempos. Cada instante un fotograma proyectado al exterior que, congelado y fijo, cruza velozmente el infinito. ¡Cromos! ¡¡Mi héroe!!


La sola realización de los objetivos ya es una recompensa. Camino por un sueño salpicado de diversos exorcismos del alma. Ahora el tiempo pasará volando en una desenfrenada carrera por Europa. En la pantalla de mi mente, una imagen tras otra en continua sucesión. Cortes sólidos de tiempo se prolongan como gemas cristalinas en fragmentos que se expanden dando vueltas por el espacio. ¡Esto es el aprendizaje! En eso consiste la vida : recortar fotograma a fotograma de un carrete interminable. 

Lee Ranaldo
Road movies


miércoles, 1 de febrero de 2012


Todo lo vivido tiene un extraño y terrible sabor, como de agua salobre: 
muerte y vida mezclados.

Libro de los amigos,
Hugo von Hofmannsthal