miércoles, 29 de junio de 2011
sábado, 25 de junio de 2011
Je rêvais de paillettes
... j'ai gardé pour moi mes vicissitudes...
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sábado, 8 de enero de 2011
Algo precioso brillaba allí, en silencio. Enseguida llegaría a su fin. Se marchitaría, desaparecería. Y nosotros nos separaríamos. Esta certeza era lo único que volvía, una y otra vez.
Banana Yoshimoto
Sueño profundo
Sueño profundo
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lunes, 11 de octubre de 2010
y los valles se cambiaron por desiertos
Una vez, si mal no recuerdo,
me tenías en la punta de los dedos.
Las secuelas de los viejos días
estarán conmigo el resto de mi vida.
Me quedé dormido un momento
y los valles se cambiaron por desiertos
por obra y gracia de El que controla el firmamento,
El que decide que ande perdido en corrientes circulares en el tiempo,
El que transforma los diamantes en quejidos y lamentos,
El que se encarga de que salgas y que yo me quede dentro.
Asustado, sintiéndome enfermo,
como una temporada en el infierno.
Intentando ver una salida,
encontrando más problemas todavía.
Todo esto que jamás podré comprender,
lo que obtuve a cambio de intentar hacerlo bien.
Eso no es para mí, quiero mi parte de lo bueno.
Quiero que estés aquí, quiero tenerte dando vueltas a mi lado todo el tiempo,
en nueve órbitas concéntricas y yo estar en el centro.
Será mucho pedir, pero es lo menos que merezco.
me tenías en la punta de los dedos.
Las secuelas de los viejos días
estarán conmigo el resto de mi vida.
Me quedé dormido un momento
y los valles se cambiaron por desiertos
por obra y gracia de El que controla el firmamento,
El que decide que ande perdido en corrientes circulares en el tiempo,
El que transforma los diamantes en quejidos y lamentos,
El que se encarga de que salgas y que yo me quede dentro.
Asustado, sintiéndome enfermo,
como una temporada en el infierno.
Intentando ver una salida,
encontrando más problemas todavía.
Todo esto que jamás podré comprender,
lo que obtuve a cambio de intentar hacerlo bien.
Eso no es para mí, quiero mi parte de lo bueno.
Quiero que estés aquí, quiero tenerte dando vueltas a mi lado todo el tiempo,
en nueve órbitas concéntricas y yo estar en el centro.
Será mucho pedir, pero es lo menos que merezco.
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jueves, 16 de septiembre de 2010
Dos bandas sonoras, una animación
Frank Film, Frank MOURIS, 1973
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Película de Frank Mouris, ganadora del Oscar al mejor cortometraje de animación en 1974.
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sábado, 12 de junio de 2010
Yo siempre he sido igual
—Yo no me sé expresar —dijo la Maga secando la cucharita con un trapo nada limpio—. A lo mejor otras podrían explicarlo mejor pero yo siempre he sido igual, es mucho más fácil hablar de las cosas tristes que de las alegres.
—Una ley —dijo Gregorovius—. Perfecto enunciado, verdad profunda. Llevado al plano de la astucia literaria se resuelve en aquello que de los buenos sentimientos nace la mala literatura, y otras cosas por el estilo. La felicidad no se explica, Lucía, probablemente porque es el momento más logrado del velo de Maya.
La Maga lo miró, perpleja. Gregorovius suspiró.
—El velo de Maya —repitió—. Pero no mezclemos las cosas. Usted ha visto muy bien que la desgracia es, digamos, más tangible, quizá porque de ella nace el desdoblamiento en objeto y sujeto. Por eso se fija tanto en el recuerdo, por eso se pueden contar tan bien las catástrofes.
—Lo que pasa —dijo la Maga, revolviendo la leche sobre el calentador— es que la felicidad es solamente de uno y en cambio la desgracia parecería de todos.
Julio Cortázar
Rayuela; Cap. 24.
1963
Rayuela; Cap. 24.
1963
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sábado, 29 de mayo de 2010
La extraña sensación de tener cuerpo y la extraña sensación de tener miedo
¿Qué recuerdas de las escaleras?
Que eran más grandes. La distancia entre los peldaños era mayor y la distancia entre lo más alto y el suelo también. Recuerdo escaleras más altas y peldaños más grandes, distancias mayores esfuerzos mayores. Más lejos, pero también más cerca. Más frío, sobre todo más frío. El dolor en las manos, las manos golpeadas por balones de cuero y sobre todo por verjas, palos, hierros. El frío y el dolor en las manos y un agujero en el pecho al correr. Saltábamos verjas, verjas enormes, teníamos miedo y frío. Saltábamos verjas y una de esas verjas oxidadas me hizo un agujero en la tripa, un agujero que sangraba. Recuerdo el frío y el sabor de la sangre, sangre de la nariz o de los dedos o de la tripa, pero sobre todo recuerdo escaleras grandes y el dolor del cuerpo al caer constantemente. La extraña sensación de tener cuerpo y la extraña sensación de tener miedo. También cortar el césped del jardín, limpiar la hierba que se atascaba en las cuchillas, pensar en cualquier otra cosa mientras tanto. Problemas con el tiempo. El tiempo que separa cortar el césped de volver a la calle. El tiempo que separa estar en la calle de volver a casa. El tiempo que separa unos días de otros, el tiempo durante los fines de semana y el tiempo durante un lunes. Diferentes medidas. Como una goma. Recuerdo medidas elásticas, distancias elásticas, esperas eternas y diversiones rápidas. También los coches y la idea de no tenerlos y las motos y la misma idea y las mujeres. Todas las ideas de nunca y las ideas de espera.
Los relojes, la obsesión por los relojes, por tenerlos y mirarlos y la mierda de estar siempre debajo de alguno, la mierda de las horas diciendo cosas, horas de hacer algo y horas de hacer lo contrario, horas infranqueables como un jodido muro de acero.
¿Qué más recuerdas de las escaleras?
Sólo eso; la altura, el dolor, el frío, y las horas.
Que eran más grandes. La distancia entre los peldaños era mayor y la distancia entre lo más alto y el suelo también. Recuerdo escaleras más altas y peldaños más grandes, distancias mayores esfuerzos mayores. Más lejos, pero también más cerca. Más frío, sobre todo más frío. El dolor en las manos, las manos golpeadas por balones de cuero y sobre todo por verjas, palos, hierros. El frío y el dolor en las manos y un agujero en el pecho al correr. Saltábamos verjas, verjas enormes, teníamos miedo y frío. Saltábamos verjas y una de esas verjas oxidadas me hizo un agujero en la tripa, un agujero que sangraba. Recuerdo el frío y el sabor de la sangre, sangre de la nariz o de los dedos o de la tripa, pero sobre todo recuerdo escaleras grandes y el dolor del cuerpo al caer constantemente. La extraña sensación de tener cuerpo y la extraña sensación de tener miedo. También cortar el césped del jardín, limpiar la hierba que se atascaba en las cuchillas, pensar en cualquier otra cosa mientras tanto. Problemas con el tiempo. El tiempo que separa cortar el césped de volver a la calle. El tiempo que separa estar en la calle de volver a casa. El tiempo que separa unos días de otros, el tiempo durante los fines de semana y el tiempo durante un lunes. Diferentes medidas. Como una goma. Recuerdo medidas elásticas, distancias elásticas, esperas eternas y diversiones rápidas. También los coches y la idea de no tenerlos y las motos y la misma idea y las mujeres. Todas las ideas de nunca y las ideas de espera.
Los relojes, la obsesión por los relojes, por tenerlos y mirarlos y la mierda de estar siempre debajo de alguno, la mierda de las horas diciendo cosas, horas de hacer algo y horas de hacer lo contrario, horas infranqueables como un jodido muro de acero.
¿Qué más recuerdas de las escaleras?
Sólo eso; la altura, el dolor, el frío, y las horas.
Ray Loriga
Lo peor de todo.
Lo peor de todo.
1993.
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