lunes, 27 de enero de 2014

lo que ya no está


Contraelegía

Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.

José Emilio Pacheco

miércoles, 15 de enero de 2014

esa mujer tenía la memoria desafinada


Mujeres

decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito 
debía tener unas 12397 mujeres en su mujer 
era difícil saber con quién trataba uno 
en ese pueblo de mujeres 
ejemplo: 

yacíamos en un lecho de amor 
ella era un alba de algas fosforescentes 
cuando la fui a abrazar 
se convirtió en singapur llena de perros que aullaban 
recuerdo
cuando se apareció envuelta en rosas de agadir
parecía una constelación en la tierra 
parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra 
esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha 

como el sol que se ponía en su voz 
en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa mujer menos uno 
y cuando se dio vuelta 
su nuca era el plan económico 
tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorables a la dictadura militar 
nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer 
yo estaba ligeramente desconcertado 
una noche le golpeé el hombro para ver con quién era 
y vi en sus ojos desiertos un camello 

a veces
esa mujer era la banda municipal de mi pueblo 
tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba a desafinar
y los demás desafinaban con él 
esa mujer tenía la memoria desafinada 

usté podía amarla hasta el delirio 
hacerle crecer días del sexo tembloroso 
hacerla volar como pajarito de sábana 
al día siguiente se despertaba hablando de malevich 

la memoria le andaba como un reloj con rabia 
a las tres de la tarde se acordaba del mulo 
que le pateó la infancia una noche del ser 
ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal 

yo 
compañeros 
una noche como ésta que
nos empapan los rostros que a lo mejor morimos 
monté en el camellito que esperaba en sus ojos 
y me fui de las costas tibias de esa mujer 

callado como un niño bajo los gordos buitres
que me comen de todo 
menos el pensamiento
de cuando ella se unía como un ramo
de dulzura y lo tiraba en la tarde 

Juan Gelman
Hacia el Sur y otros poemas

lunes, 13 de enero de 2014

no escribir más poemas


Justo cuando él había decidido no escribir más poemas, ella comenzó a cepillarse  el pelo.

Raymond Carver

lunes, 9 de diciembre de 2013

Is he still coming around like an injured bird needing a nest?


A place to rest his head in a song you'll regret





(Still you sleep in the very sheets he's been in) 


Damien Jurado, Sheets 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Lolita, luz de mi vida






Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-lita: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del  paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. 
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de  estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era  Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita. 
¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no  pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado  junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo  ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica. 
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas. 

Vladimir Nabokov
Lolita.


jueves, 15 de agosto de 2013

sencillamente limpio y, pese a todo, indemne


Momentos felices

Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
--el pitillo en los labios, el alma disponible--
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro --sé que todo es fiado--,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme, pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y, pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
"Estaba justamente pensando en ir a verte."
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?



Gabriel Celaya
De claro en claro


domingo, 21 de julio de 2013

breve como el suspiro de una cabeza guillotinada




La francesa

Una mujer inteligente.
Una mujer hermosa.
Conocía todas las variantes, todas las posibilidades.
Lectora de los aforismos de Duchamp y de los relatos de Defoe.
En general con un autocontrol envidiable,
Salvo cuando se deprimía y se emborrachaba,
Algo que podía durar dos o tres días,
Una sucesión de burdeos y valiums
Que te ponía la carne de gallina.
Entonces solía contarte las historias que le sucedieron
Entre los 15 y los 18.
Una película de sexo y de terror,
Cuerpos desnudos y negocios en los límites de la ley,
Una actriz vocacional y al mismo tiempo una chica con extraños rasgos de avaricia.
La conocí cuando acababa de cumplir los 25,
En una época tranquila.
Supongo que tenía miedo de la vejez y la muerte.
La vejez para ella eran los treinta años,
La Guerra de los Treinta Años,
Los treinta años de Cristo cuando empezó a predicar,
Una edad como cualquier otra, lo decía mientras cenábamos
A la luz de las velas
Contemplando el discurrir del río más literario del planeta.
Pero para nosotros el prestigio estaba en otra parte,
En las bandas poseídas por la lentitud, en los gestos
Exquisitamente lentos
Del desarreglo nervioso,
En las camas oscuras,
En la multiplicación geométrica de las vitrinas vacías
Y en el hoyo de la realidad,
Nuestro absoluto,
Nuestro Voltaire,
Nuestra filosofía de dormitorio y tocador.
Como decía, una muchacha inteligente,
Con esa rara virtud previsora
(Rara para nosotros, latinoamericanos)
Que es tan común en su patria,
En donde hasta los asesinos tienen cartilla de ahorros
Y ella no iba a ser menos,
Una cartilla de ahorros y una foto de Tristán Cabral,
La nostalgia de lo no vivido,
Mientras aquel prestigioso río arrasaba un sol moribundo
Y sobre sus mejillas rodaban lágrimas aparentemente gratuitas.
No me quiero morir, susurraba mientras se corría
En la perspicaz oscuridad del dormitorio,
Y yo no sabía qué decir,
En verdad no sabía qué decir,
Salvo acariciarla y sostenerla mientras se movía
Arriba y abajo como la vida,
Arriba y abajo como las poetas de Francia
Inocentes y castigadas,
Hasta que volvía al planeta Tierra
Y de sus labios brotaban
Pasajes de su adolescencia que de improviso llenaban nuestra habitación
Con duplicados que lloraban en las escaleras automáticas del metro,
Con duplicados que hacían el amor con dos tipos a la vez
Mientras afuera caía la lluvia
Sobre las bolsas de basura y sobre las pistolas abandonadas
En las bolsas de basura,
La lluvia que todo lo lava
Menos la memoria y la razón.
Vestidos, chaquetas de cuero, botas italianas, lencería para volverse loco,
Para volverla loca,
Aparecían y desaparecían en nuestra habitación fosforescente y pulsátil,
Y trazos rápidos de otras aventuras menos íntimas
Fulguraban en sus ojos heridos como luciérnagas.
Un amor que no iba durar mucho
Pero que a la postre resultaría inolvidable.
Eso dijo,
Sentada junto a la ventana,
Su rostro suspendido en el tiempo,
Sus labios: los labios de una estatua.
Un amor inolvidable
Bajo la lluvia,
Bajo ese cielo erizado de antenas en donde convivían
Los artesanos del Siglo XVII
Con las cagadas de palomas del Siglo XX.
Y en medio
Toda la inextinguible capacidad de provocar dolor,
Invicta a través de los años,
Invicta a través de los amores
Inolvidables.
Eso dijo, sí
Un amor inolvidable
Y breve,
¿Como un huracán?,
No, un amor breve como el suspiro de una cabeza guillotinada,
La cabeza de un rey o un conde bretón,
Breve como la belleza,
La belleza absoluta,
La que contiene toda la grandeza y la miseria del mundo
Y que sólo es visible para quienes aman.


Roberto Bolaño
Los Perros Románticos.





martes, 4 de junio de 2013

Capítulo 100


¿A vos no te pasa que te despertás a veces con la exacta conciencia de que en ese momento empieza una increíble equivocación? 

Rayuela; Capítulo 100
Julio Cortázar


sábado, 25 de mayo de 2013

a blind optimist


“A poet is a blind optimist. The world is against him for many reasons. But the poet persists.”

Jack Kerouac



sábado, 11 de mayo de 2013

sábado, 27 de abril de 2013

cual soldados fulminados al suelo


Han caído los dos cual soldados fulminados al suelo
y ahora están atrapados los dos en la misma prisión
vigilados por el ojo incansable del deseo voraz
sometidos a una insoportable tensión de silencio.

Han caído los dos bajo el punto de vista exclusivo
iniciando una guerra en que nadie pudo vencer jamás
ella sabe lo que el hombre espera sin haberlo aprendido
y él encuentra un sentido al enigma que no le dejaba existir.

Antes eran dos barcos sin rumbo
hoy son dos marionetas que van
persiguiendo una luz cegadora
por la línea del tiempo.

Han caído los dos en la boca de un dios tenebroso
que sonríe mostrando sus dientes de acero.

Han caído los dos cual soldados fulminados al suelo
y ahora están atrapados los dos en la misma prisión
vigilados por el ojo incansable del deseo voraz
sometidos a una insoportable tensión de silencio

Antes eran dos barcos sin rumbo
hoy son dos marionetas que van
persiguiendo una luz cegadora
por la línea del tiempo.

Han caído los dos en la boca de un dios tenebroso
que sonríe mostrando sus dientes de acero

Ella sabe lo que el hombre espera sin haberlo aprendido
y él encuentra un sentido al enigma que no le dejaba existir.




domingo, 14 de abril de 2013

Lo conseguí




(Última anotación)


¿Y conseguiste lo que 
querías de esta vida? 
Lo conseguí. 
¿Y qué querías? 
Considerarme amado, sentirme 
amado en la tierra.


Raymond Carver




miércoles, 13 de marzo de 2013

y sentarse a esperar que regresen los bárbaros

Roto

Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
-Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.

Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

Y todo vuelve
otra vez;
las palabras
llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.
Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.


Benjamín Prado


jueves, 14 de febrero de 2013

como si fuera dueña de pozos petroleros


Y aun así... yo me levanto


Tú puedes escribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aventarme al fango
y aún así, como el polvo... me levanto.

¿Mi descaro te molesta?
¿Porqué estás ahí quieto, apesadumbrado?
Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa...

Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brincando alto,
así... yo me levanto.

¿Me quieres ver destrozada?
cabeza agachada y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.

¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
Porque yo río como si tuviera minas de oro
excavándose en el mismo patio de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.


Maya Angelou


---------------------


Still I rise


You may write me down in history
With your bitter, twisted lies,
You may trod me in the very dirt
But still, like dust, I’ll rise.

Why are you beset with gloom?
‘Cause I walk like I’ve got oil wells
Pumping in my living room.

Just like moons and like suns,
With the certainty of tides,
Just like hopes springing high,
Still I’ll rise.
Did you want to see me broken?
Bowed head and lowered eyes?
Shoulders falling down like teardrops.
Weakened by my soulful cries.



Does my haughtiness offend you?
Don’t you take it awful hard
‘Cause I laugh like I’ve got gold mines
Diggin’ in my own back yard.
You may shoot me with your words,
You may cut me with your eyes,
You may kill me with your hatefulness,
But still, like air, I’ll rise.
Does my sexiness upset you?
Does it come as a surprise
That I dance like I’ve got diamonds
At the meeting of my thighs?
Out of the huts of history’s shame
I rise
Up from a past that’s rooted in pain
I rise
I’m a black ocean, leaping and wide,
Welling and swelling I bear in the tide.
Leaving behind nights of terror and fear
I rise
Into a daybreak that’s wondrously clear
I rise
Bringing the gifts that my ancestors gave,
I am the dream and the hope of the slave.
I rise.
I rise.
I rise.

Maya Angelou






martes, 12 de febrero de 2013

los pájaros tristes



Todo resulta inútil cuando hasta los pájaros mismos están tristes.



Los subterráneos.
Jack Kerouac


sábado, 19 de enero de 2013

tarjetas postales que prometen lo mismo cada año


En elogio de mi hermana
Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto se ponga a escribir poemas.
Le viene de mi madre, que no escribió poemas,
y de su padre, que tampoco escribió poemas.
Me siento a salvo bajo el techo de mi hermana:
nada pondrá al esposo de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque la cosa suena a poema de Adam Macedonski,
a ninguno de mis parientes le da por escribir poemas.
En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos
ni poemas nuevos en su bolsa.
Y cuando mi hermana me invita a comer,
sé que no es con la intención de leerme poemas.
Cocina sopas soberbias con facilidad,
y su café no se derrama sobre manuscritos.
En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando no es así, rara vez es uno solo.
A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,
lo cual instala temibles remolinos en las relaciones familiares.
Mi hermana cultiva una decente prosa hablada,
toda su producción literaria está en tarjetas postales
que prometen lo mismo cada año:
que cuando vuelva,
nos va a contar todo,
todo,
todo.
Wislawa Szymborska


martes, 23 de octubre de 2012

porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo



Oda a la Inmortalidad

Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.
Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
Que en mi juventud me deslumbraba
Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.
En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la
muerte.
Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.

William Wordsworth


domingo, 15 de julio de 2012

como el crujido de hojas secas



Algunos dicen que la palabra «odradek» precede del esloveno, y sobre esta base tratan de establecer su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán, con alguna influencia del esloveno. Pero la incertidumbre de ambos supuestos despierta la sospecha de que ninguno de los dos sea correcto, sobre todo porque no ayudan a determinar el sentido de esa palabra.
Como es lógico, nadie se preocuparía por semejante investigación si no fuera porque existe realmente un ser llamado Odradek. A primera vista tiene el aspecto de un carrete de hilo en forma de estrella plana. Parece cubierto de hilo, pero más bien se trata de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí. Pero no es únicamente un carrete de hilo, pues de su centro emerge un pequeño palito, al que está fijado otro, en ángulo recto. Con ayuda de este último, por un lado, y con una especie de prolongación que tiene uno de los radios, por el otro, el conjunto puede sostenerse como sobre dos patas.
Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de añadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar.
Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra. A veces, cuando uno sale por la puerta y lo descubre arrimado a la baranda, al pie de la escalera, entran ganas de hablar con él. No se le hacen preguntas difíciles, desde luego, porque, como es tan pequeño, uno lo trata como si fuera un niño.
-¿Cómo te llamas? -le pregunto.
-Odradek -me contesta.
-¿Y dónde vives?
-Domicilio indeterminado -dice y se ríe. Es una risa como la que se podría producir si no se tuvieran pulmones. Suena como el crujido de hojas secas, y con ella suele concluir la conversación. A veces ni siquiera contesta y permanece tan callado como la madera de la que parece hecho.
En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón de ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que me pueda sobrevivir.

Preocupaciones de un padre de familia. 
Franz Kafka

domingo, 27 de mayo de 2012

un espacio intemporal en el que nada sucede

La última noche en este lugar significa el fin de muchas cosas. Sostengo las llaves que mañana abrirán otras puertas. ¿Quién sabe lo que nos aguarda? En este preciso momento el tiempo no se expande, es algo más bien estático. Objetos e ideas suspendidos, inmóviles en el aire, a la espera de ses atrapados. Cada instante parece una eternidad.


Cuando te miro a los ojos, tu mirada no es un recuerdo, ni un pájaro que vuela, sino una visión infinita. Un túnel de amor que se introduce en ti. Un instante entre los dos dura para siempre. Fichas archivadas en la memoria, visiones sacadas de un sueño. Liguero negro y altas sierras. La copa, ahora llena, luego se vuelca y se derrama. 


Da la impresión de que han sucedido muchas cosas en este último mes. Otra estación se ha ido. Me invade la sensación pasajera de que todo es efímero, alterando mi sentido de la rutina. Dejando en su lugar una locura sin fin, una irrealidad en la que cualquier cosa podría suceder, un espacio intemporal en el que nada sucede. Al otro lado de a linea, en un cine mental donde los sueños y la consciencia se encuentran. Nada es imposible. Por ejemplo: me elevo sobre una masa de aguas doradas, por encima de las nubes. No es imposible, tengo ojos, tengo los ojos abiertos. 


Un torrente de luz: aún camino por las llanuras de Salisbury, escalo rocas en Berlín, paseo a medianoche junto al Foro romano, veo cómo florecen los árboles en Londres. Momentos congelados como instantes en el tiempo, no sólo en el mío, sino en todos los tiempos. Cada instante un fotograma proyectado al exterior que, congelado y fijo, cruza velozmente el infinito. ¡Cromos! ¡¡Mi héroe!!


La sola realización de los objetivos ya es una recompensa. Camino por un sueño salpicado de diversos exorcismos del alma. Ahora el tiempo pasará volando en una desenfrenada carrera por Europa. En la pantalla de mi mente, una imagen tras otra en continua sucesión. Cortes sólidos de tiempo se prolongan como gemas cristalinas en fragmentos que se expanden dando vueltas por el espacio. ¡Esto es el aprendizaje! En eso consiste la vida : recortar fotograma a fotograma de un carrete interminable. 

Lee Ranaldo
Road movies


Contigo, aunque me vaya, me he quedado


En esa alcoba nuestra del cariño
                                             A Francisco Brines
Breve fue la visita -nos urgían-
en la clínica adusta; interminable
en esa alcoba nuestra del cariño.
Tiene allí toda pena
y toda duración prohibido el paso.
Ni me voy ni te quedas: no se sale
de allí donde las almas se hacen una.
Te has venido conmigo, estás oliendo
el jazmín que cantaste de tu infancia,
con delicada voz maestra mía,
en esta noche nuestra de septiembre;
la rosa de tus noches yo la huelo.
Contigo, aunque me vaya, me he quedado. 
Dile al alba que vives,
que conmigo te vienes todavía
a decir de mil modos nuestro afecto.
Estos versos escribes, los desgrana
en mi boca tu boca, como ponen
mis manos en tus manos cuanto tengo,
y es solo una alegría de quererte
que no me quitarán,
pues lo llevo escondido en lo más claro.

                                       (4 de septiembre de 2010)

Vicente Gallego